Introducción a los SIG aplicados a la arqueología.

Introducción a los SIG aplicados a la arqueología.

Comienzo este blog con la intención de aproximar los Sistemas de Información Geográfica a aquellos arqueólog@s que quieran acercarse a este mundo tan peculiar. Cuáles son sus posibilidades, cuáles son sus límites, que tipo de software se usa y cual es más recomendable para cada situación.

En definitiva, lo que se pretende hacer aquí es una aproximación, hacia este mundo tan interesante y valioso, el mundo de los SIG.

En un principio, como todo en esta vida, habrá gente que ya sepa de que va todo esto de los SIG (o GIS, en su forma anglosajona), pero habrán otros que no tengan ni idea de que es esto, y es un poco para este último colectivo para quien va dirigido este blog.

A mi me gustaría comenzar con un pequeño análisis conceptual, y para ello vamos a ir desgranando poco a poco los conceptos básicos que nos atañen.

En primer lugar, ¿Qué es un Sistema?, según la Real Academia Española de la Lengua , un sistema es 2. m. Conjunto de cosas que relacionadas entre sí ordenadamente contribuyen a determinado objeto.
Es decir, que un SIG se compone de un conjunto de herramientas relacionadas entre sí, que contribuyen a un objetivo.

En segundo lugar, ¿Qué es un Sistema de Información?, según la Wikipedia, un sistema de información es un conjunto de elementos orientados al tratamiento y administración de datos e información, organizados y listos para su posterior uso, generados para cubrir una necesidad (objetivo). Vamos concretando un poco más qué es esto de los SIG.

En tercer y último lugar ¿Qué es un SIG?, según la Wikipedia también, un SIG es una integración organizada de hardware, software y datos geográficos diseñado para capturar, almacenar, manipular, analizar y desplegar en todas sus formas la información geográficamente referenciada con el fin de resolver problemas complejos de planificación y gestión.

En otras palabras, un SIG es una herramienta valiosísima para proteger, gestionar e investigar nuestro patrimonio arqueológico, que mal que nos pese es un bien finito a conservar.

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